Las generaciones del 98 y del 27

21/05/2013

Pese a las turbulencias políticas y sociales que agitan la situación española durante el primer tercio del siglo, la creación cultural vive un renovado esplendor, que ha hecho hablar a ciertos observadores de una Edad de Plata que abarca desde 1898 hasta el estallido de la Guerra Civil en 1936. Un nutrido grupo de escritores reacciona ante este hecho, buscando sus causas y tratando de aportar sus remedios para la regeneración de España, y forma la llamada Generación del 98, que posee grandes figuras literarias, pero que no circunscribió su actividad a la literatura, sino que se proyectó al mundo de la ciencia, la medicina o la historia.

Del ambiente modernista catalán surgirá con el tiempo el genial pintor Pablo Picasso

A la vez, surge el modernismo, contemporáneo del impresionismo pictórico y musical, que tuvo especial influencia en Cataluña, más abierta siempre a los vientos de renovación procedentes de Europa. El genial arquitecto Antonio Gaudí es su principal figura. De esta época data la Renaixenca (el Resurgimiento) de la cultura catalana basada en la prosperidad de una burguesía industrial, culta y progresivamente proclive a ideas regionalistas. El arte personalísimo de Gaudí está lleno de sugestiones vegetales y animales, con obras tan revolucionarias como la Catedral de la Sagrada Familia o el fantástico jardín del Parque Güell. De este ambiente modernista catalán surgirá con el tiempo el genial Pablo Picasso.

En la pintura, Ignacio Zuloaga expresa, con su rotundo dibujo y sus personajes típicos del pueblo español, un mundo cercano al literario de la Generación del 98. En una línea estética distinta, el valenciano Joaquín Sorolla puede ser catalogado como un postimpresionista de brillante colorido; por debajo de la anécdota de cada lienzo, la luz levantina es la gran protagonista de sus retratos y escenas de playa.

La Generación del 98, preocupada casi obsesivamente por lo que empieza a denominarse «el problema de España», protagoniza una profunda renovación estilística, orillando la retórica característica del siglo XIX. Algunos representantes de esta corriente poseen una talla verdaderamente universal. Así, Miguel de Unamuno, que en su obra ‘Del sentimiento trágico de la vida’ se anticipa al existencialismo y cultiva todos los géneros literarios, al igual que su contemporáneo Pío Baroja, reputado novelista que suscitó la admiración de Hemingway. También Azorín, magistral narrador, y Ramón María del Valle-lnclán, creador del “Esperpento”, son grandes figuras.

En poesía destacan Antonio Machado, en el que se aúnan el simbolismo y la reflexión social, y Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura, que evolucionó desde una poesía sentimental a una lírica muy profunda, abstracta y compleja. Un rasgo común de los intelectuales de esta época es su esfuerzo por incorporar las últimas tendencias de la cultura y del pensamiento europeo. El filósofo Ortega y Gasset crea la Revista de Occidente, una de las primeras publicaciones intelectuales de la Europa de su tiempo.

Generación del 27

La Residencia de Estudiantes de Madrid fue el núcleo en el que se gestó el grupo poético de la Generación del 27. Excepto a comienzos del siglo XVII, nunca habían coincidido en España talentos creativos de la talla de Jorge Guillén, Pedro Salinas, Federico García Lorca, Rafael Alberti, el Premio Nobel Vicente Aleixandre, Luís Cernuda, Dámaso Alonso o Gerardo Diego.

Culturalmente, la Generación del 27 representa un momento único en el que el juego alegre de las vanguardias, la ilusión del arte moderno, el optimismo europeo de la Europa de entreguerras, eran las impresiones prevalecientes. Y un rasgo fundamental fue el de la fusión entre noviedad y tradición (simbolizado por la celebración del tricentenario de Góngora). Los jóvenes creadores se entusiasmarán con el mundo del cine, las “luces de la ciudad”, la ruptura con la burguesía y el arte realista, la ilusión de la revolución estética y política.

Del mismo ambiente fértil de la Residencia de Estudiantes surge el cineasta aragonés Luis Buñuel, que alcanzó resonancia internacional desde su retiro de París. Adscrita temporalmente al surrealismo, su producción posee una fuerza corrosiva y una virulencia crítica que guarda ciertos paralelismos con la obra pictórica de su paisano Francisco de Goya.